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domingo, 19 de diciembre de 2010

Al Jardín Y Al Abuelo | To Garden & To Grandfather

A la memoria de mi Abuelo Materno,
Román Salazar (Isla de Margarita, 1914 - Paraguaná, 1988)




Pequeña floresta de aquel pasado,

jazmines, cayenas, rudas, ixoras...
los labios del tiempo se han perfumado
llenando de efluvios mis altas horas.

Así te recuerdo, jardín soñado,
con flores cual plumas de corocoras
y el verde de selva que enamorado
danzaba al oír las brisas canoras.

Recuerdo al abuelo, tu jardinero,
el viejo ermitaño que custodiaba
la luna en la noche para podarte...

Acaso en sus manos de marinero
sentiste su vida que se apagaba
y abriste su pecho para quedarte.



jueves, 2 de diciembre de 2010

Poema del amor que no fue | Poem to love that could not be


Tus negros cabellos, tus ojos vivaces,
tu piel de manzana, tu hermosa sonrisa,
tus gráciles manos volando en la brisa
suavizan las horas de mi soledad;
como si pudiera, aunque inútilmente,
revivir el sueño que una vez callaste
y gritar al mundo que si no me amaste
fue por las cadenas de nuestra amistad.

Tu noche sin luna, silente y profunda,
ahogó mil luceros bajo mi almohada,
tus labios de cielo no dijeron nada,
murió tu poema, calló tu canción,
y mientras mi boca besaba otros ojos
surcaba las aguas de la poesía
buscando en la estrella de mi fantasía
la luz encendida de tu corazón.




 

lunes, 29 de noviembre de 2010

Glosa Del Amor Olvidado | Glose to forgotten love



En el jardín de un poema,

bajo el sol de tu mirada,
los versos que te escribí
murieron con la alborada.


Pareciera que la vida
con su adversa prepotencia
ahogara con su indolencia
mi ilusión desvanecida.
Ya esperaba tu partida,
adiós sabor a dilema,
y en la distancia que quema
con su ardor de fuego vivo
versos de amor hoy cultivo
en el jardín de un poema.

Ayer fui campo florido,
hoy aluvión de tristeza
y en medio de mi pobreza
la soledad hizo nido.
En mis hombros he sentido
toda mi fe derrumbada,
todo se vuelve a la nada
y entre sombras que sepultan
mis ojos ya no se ocultan
bajo el sol de tu mirada.

Como un cíclope de fuego
devorando mi pasado
el tiempo se ha comportado
impasible ante mi ruego.
Sólo quedan mi “¡hasta luego!”,
las palabras que perdí
y porque tantos te di
como tantos he deshecho
guardaditos en tu pecho
los versos que te escribí.

Hoy el silencio es consuelo
de mi amor crucificado,
de un ideal enjaulado
que aún levanta su vuelo.
Hoy de tu amor me conduelo
al saberte ya olvidada,
como una huella borrada
que inútilmente buscamos
porque los sueños que amamos
murieron con la alborada.



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